18 agosto 2015

Volver al 45


La candidatura de Scioli tiene un desafío bastante complejo. Si bien los 38,4 puntos que alcanzó en las PASO, más la importante diferencia que le sacó a Macri (que además debe contemplar mantener el porcentaje de votos que lograron sus adversarios Sanz y Carrió en la interna de Cambiemos), son una importante base hacia las elecciones de octubre, no queda demasiado claro que el solo impulso de haber salido primero le garantice llegar a la Presidencia.

Veamos un punteo rapidito de cosas a favor y cosas en contra que afronta su campaña...

Sigue en Artepolitica.

11 agosto 2015

¿En qué estanque tiene que pescar Scioli?


Pasadas 48 horas de las elecciones, se van configurando dos hipótesis acerca de qué tipo de discurso debiera realizar Daniel Scioli para crecer en cantidad de votos en la próxima elección de octubre.

Hipótesis 1: "Llegó la hora de deskirchnerizarse".

Pagni es uno de los analistas que tributa en ella y quien más directamente la expresa: "Scioli se alejará de Cristina Kirchner. Lo tenía previsto antes de conocer los resultados. "A partir de las primarias, Daniel sale del clóset", vaticinaban sus intérpretes. Querían señalar que, consolidado el frente interno, se dirigiría al electorado independiente, más centrista. La matemática de ayer acelerará ese desplazamiento".

Digamos que, brutalmente, el pensamiento detrás de esta hipótesis es el siguiente: el 38% de Scioli en las PASO es el "techo" que tiene hoy el kirchnerismo en la sociedad, y si querés crecer tenés que ampliar tu oferta hacia otros sectores sociales que se han mostrado refractarios al gobierno nacional.

Debilidad de esta hipótesis: el pensar que todo el que no votó a Scioli es "opositor" al gobierno y que para interpelarlo hay que girar el discurso hacia posiciones antikirchneristas.

Hipótesis 2: "Scioli tiene que reforzar su kirchnerismo".

No la vi escrita, pero se conversa por ahí. Y esta hipótesis sostiene que el candidato del FpV no logró captar la totalidad del voto simpatizante del gobierno (dicen que hay estudios que hablan que hay un 2% de votantes kás que no votaron a DOS). También la sustentan con datos sobre imagen positiva del gobierno y de la Presidenta (según Poliarquía actualmente el 51% aprueba la gestión gubernamental y un 45% tiene buena imagen de CFK). Y se puede justificar así: "hay que hacerse fuerte en lo propio, sin titubear".

Debilidades de esta hipótesis: la más obvia es confundir "imagen positiva" con "intención de voto". La otra, si se quiere más sutil, es no contemplar que una parte de la imagen positiva de la Presidenta tiene que ver, sencillamente, conque termina su mandato. Porque, no está de más reiterar, hay siempre un componente "emotivo" en nuestras percepciones y evaluaciones, y el hecho de que CFK se acerque al fin de su mandato sin grandes crisis a la vista, y entendiendo que "puso todo" por 8 años, genera una suerte de mirada  benevolente . Porque "imagen" es como darle un "like" a un político, algo hasta superficial. Pero votar a alguien es entregarle un cheque en blanco por cuatro años.

¿Y entonces? Porque las hipótesis son, estrictamente, contrapuestas ¿Qué tiene que hacer Scioli si quiere más votos?

Fácil: no darle bola a ninguna de las dos y, al mismo tiempo, hacer las dos. Porque la trampa, en los dos casos, es tener como premisa que los votantes, o el pueblo, o la gente (llenar como le apetezca querido saltamontes) tienen pre-configurado de fábrica su "escucha". Y no. Eso les pasa a los hiperpolitizados como nosotros (incluyendo en el "nosotros" los que están en el borde de la grieta). Y qué porcentaje de nuestra sociedad está "hiperpolitizada"? Una minoría intensa, pero minoría al fin. Y las elecciones se ganan construyendo mayorías. Y para construir mayorías, como diría Obi Wan Escriba, hay que salir a hablarles a todos. A todos. 

Entonces aquí se abre otra pregunta: ¿hay un modo de hablarles a todos sin espantar a algunos de esos todos? Por supuesto que la hay, me atrevo a enfatizar con una modestia que dejé colgada en el tender a ver si se seca. Pero para eso me van a tener que contactar a través de mi representante o esperar a que tenga ganas de escribir otro post.

Ta luego.  




10 agosto 2015

Los lunes

Los inundados siguen inundados.
Los hospitales y las escuelas que se construyeron, se construyeron. Y las que faltan siguen faltando. Como las cloacas. O las alcantarillas.

Los que están en negro siguen en negro. Los que ganan poco, siguen ganando poco. Y los que ganan demasiado siguen ganando demasiado. 

Los que leen la realidad sesgadamente, siguen tuertos y cómodos en sus certezas de papel maché. Y los que no, no.
Lo que existía el viernes, existe el lunes. Y el otro lunes. Y el otro. Y el domingo dentro de dos meses y pico.

¿Para qué sirve entonces? Sirve para hacer películas y no fotos. Sirve para tratar de mirar lejos y no cerca. Sirve para seguir siendo lo que somos y tratar de ser lo que queremos ser. Que quede cada vez más claro, que no lo sabemos.

A veces parece poco. A veces parece mucho. No sé.

Lo que es, es. Y nosotros, ahí, somos los eternamente incómodos. Desde esa frontera hicimos, hacemos y haremos. Porque hay cosas que no terminan nunca. 

04 agosto 2015

Cosas que se piensan en los aeropuertos, las estaciones de trenes y sus derivas


El triunfo absolutista del método comparativo. Escapar de él es como querer escapar de alguna de las realidades existentes.
A medida que el marinado de estímulos va permeando la carne, algunos sabores resaltan más que otros. En este caso, cabe señalar, los tópicos comienzan a agruparse alrededor de: el binomio respeto/ruptura alrededor de la(s) tradicion(es); la importancia de la ausencia de cables en los cielos como elemento central de la belleza de las ciudades; diferencias y similitudes entre los imperios: el romano, el inglés, el español, el de Racing [recordatorio: hipotetizar sobre esto]
Europa es preciosa, pero está vieja. Y lo que no está viejo en Europa está tan afuera de sus circuitos de venta que andá a enterarte. Te tenés que tomar el tren, un tranvía, dos subtes, un hidroavión y llegás a un descampado underground.
América es joven. Argentina está jovencísima. Tanto que aparece como adolescente en la distancia. Y llena de cables en los cielos. Quizás pensar un tema en serio efectivamente nos lleve un bicentenario y quitar esos cables horribles otro tanto.
Por cierto, volviendo al temita este de la tradición. Citamos: "Kipling dedicó su vida a escribir en función de determinados ideales políticos, quiso hacer de su obra un instrumento de propaganda y, sin embargo, al fin de su vida hubo de confesar que la verdadera esencia de la obra de un escritor suele ser ignorada por éste; y recordó el caso de Swift que al escribir Los viajes de Gulliver quiso levantar un testimonio contra la humanidad y dejó, sin embargo, un libro para niños. Platón dijo que los poetas son amanuenses de un dios, que los anima contra su voluntad, contra sus propósitos, como el imán anima a una serie de anillos de hierro.
Por eso repito que no debemos temer y que debemos pensar que nuestro patrimonio es el universo; ensayar todos los temas, y no podemos concretarnos a lo argentino para ser argentinos: porque o ser argentino es una fatalidad, y en ese caso lo seremos de cualquier modo, o ser argentino es una mera afectación, una máscara".
Lo dijo un fulano que siempre resulta interesante leer, acá:http://www.revistacontratiempo.com.ar/borges_tradicion.htm
También querer la vida de Conrad, escribir como Stevenson y la rabia de Dickens. Y nada che.
Se me quema la comida. Hasta luego.

13 julio 2015

Un grito y después...

Y entonces lo que se escucha es un eco que viene de lejos. De demasiado lejos, que es el único modo en que el eco funciona.

No olvidemos que, para ser eco, el grito tuvo que ser fuerte. Y que enfrente tuvo que haber montañas de las altas. No hay eco, nunca hay eco, en las llanuras de la continuidad. Entonces, primero, recordemos que hubo un grito ante las montañas y ante un vacío.

Tampoco, a fuerza de ser veraces, fue un grito. No. Se mezclaron, como se mezclan las cosas en el territorio de la realidad, los susurros, las medias palabras, las interjecciones, las sentencias claras y las contramarchas. Pero hubo en todo eso un grito, claro que hubo un grito.

¿Dónde está hoy esa potencia? Bueno, podemos creer -que de eso se trata siempre, de creer- que sigue rebotando. En los cordones de algunos barrios, en un calendario de vacunas, en un recibo de sueldo formal, en una sirena de una fábrica, en una esperanza que espera, aún sigue rebotando.

Y sin embargo, también, podemos pensar -que de eso se trata siempre, de pensar- que lo que queda es, a esta altura, una comprometida reverberancia. Esa deformación, ese residuo, esa nostalgia. Y queda en las hipérboles grises de los panegíricos, en las transmisiones con estática de las aeme, en las encadenadas batallas culturales que se miran por la tevé.

La respuesta, si es que hay una respuesta, está afuera y adelante. Porque podemos sentir -que de eso se trata siempre, de sentir- que a partir de ahora todo está por hacerse. Y que está bueno que ahora les toque hacer a otros.


Grito, eco, reverberancia. Lo único permanente es el aire. Ese aire a través del cual el pueblo escucha para luego decir su sentencia. Algunos gustan de llamar a esto simplemente historia. 

06 julio 2015

La necesidad




(acá pueden insertar citas sobre "la política como espectáculo"
 o cosas así de teóricas, pero fiaca)


Sobreanalizamos los resultados electorales.

Los medios necesitan sobreanalizar, porque están prisioneros de llenar los espacios, continuando con esa lógica que se instauró con la llegada de los canales targeteados y del cual TyC fue pionero. Allí nacieron esos bodrios de cinco o seis tipos sentados delante de una mesa en U que debaten hasta la hermenéutica de un corner mal tirado. Tendencia que al poco tiempo llegó a las tardes con los chimentos de la farándula y que hace un par de años colonizó los programas "de política".

Nosotros, en las redes sociales, necesitamos sobreanalizar, porque estamos prisioneros de llenar nuestro vacío, vacío que tiene directa relación con la falta de análisis serios en los medios, de los cuales seguimos siendo tributarios.

Los políticos necesitan sobreanalizar, porque están prisioneros de "ocupar agenda", prisión que eligen tácitamente al abandonar lo que debiera ser una de sus misiones centrales: fijarla.

Hasta acá no es grave. Lo grave es que, además, al sobreanalizar se produce un mecanismo de desfase, de pérdida de rumbo y de sensatez. Porque se analiza desde el deseo propio y no desde la crítica y la búsqueda de objetividad. Entonces vemos una esfera pública que pasa a estar dominada por la propaganda más berreta, por el inmediatismo, por "la última novedad", por el último resultado en la mesa de Necochea.

Incluso vemos el ostensible patetismo de aquellos que a esta altura consumen de la que venden. Tan acostumbrados a machacar con la pretensión de imponer un sentido, han terminado adictos de sus propios desvaríos voluntaristas. Que suceda esto con chicos y chicas que recién se acercan a este juego vaya y pase, pero que le suceda a gente grande, con décadas de editoriales domingueros no deja de ser vergonzante.

Los procesos electorales no son un partido de fútbol. Son un campeonato que dura cuatro años o al menos dos. Que tiene, como particularidad, que el resultado del partido está un día equis, el día de la elección. Pero el sentido del resultado se construye lenta y persistentemente por decenas de meses. Tratar de entender esto es la diferencia entre la opinión de café y el análisis político.

Paralelamente, mientras nos divertimos (?) con el minuto a minuto, nos acercamos a una elección presidencial inédita. Y es inédita porque será la primera desde 1983 que no está impregnada de ninguna crisis socio económica terminal y al mismo tiempo implica la posibilidad latente de un cambio de liderazgo en el proyecto político que puede triunfar. Y estamos perdiendo, como país, una magnífica oportunidad de traer al debate público una agenda superadora de lo existente con nimiedades como Xipolitakis, el juez Cabral o el posporno.

Esto pasa en la esfera pública, pero en las elecciones votan todos. Y basta tener un poquito de calle para tener muy claro que las mayorías podrán consumir estas noticias y cruces, pero lejos, muy lejos, están de afectarlos directamente en sus vidas cotidianas. Y entre las multicausalidades de un voto, la balanza siempre se inclina para el "qué me conviene a mí". Acá hay un vacío por llenar estrategas consultores.


Por supuesto hay excepciones en cada lado, pero un par de flores excepcionales no hacen un campo en primavera.

02 junio 2015

Campañas electorales: algunas obviedades



- Las cosas, en líneas generales, tienden a terminar siendo como venían siendo. Muy raramente, si algo tiene una tendencia a salir mal, va a salir bien.

- Sin que sea contradictorio, cuando las cosas vienen bien el riesgo de que empiecen a ir mal crece. Porque es más fácil cometer errores que aciertos.

- Una de las claves en una campaña electoral es lo que se conoce como "el manejo de los tiempos". Y esto no tiene fórmula. Es una mezcla de análisis, estudios, intuición y suerte. Entonces: el que maneja los tiempos tiene ventaja.

- Dentro de todo lo que puede ponerse bajo el paragüas "manejo de los tiempos" (por ejemplo, el momento de anunciar una alianza o un apoyo, el momento de sacar un spot u otro, etc.), uno de los fundamentales -quizás el principal- es saber administrar la línea discursiva. O sea: hay, como en la colita de cuadril, un punto exacto para cambiar. Porque llegar a instalar una línea discursiva equis lleva su tiempo. Es por goteo. Y los goteos son lentos. La medida nunca es, repito, nunca, la sensación de quienes hacen la campaña. Ni la de los periodistas. Ni la de las redes sociales. Entonces el primer riesgo que se corre es que el propio candidato se aburra de sí mismo y quiera modificarla antes de que haya permeado donde tiene que permear.

Pero también existe el riesgo contrario: que cuando una línea política equis "camina", el candidato y su equipo de campaña se enamoren de la misma y no la quieran largar. Entonces, lo que en un primer momento fue eficaz, deja de serlo. Porque tu mensaje ya llegó y la buena disposición a ser escuchado por los ciudadanos puede tornarse aburrimiento. O peor: "este tipo no tiene mucho que decir".  

¿Cuándo es el momento justo de cambiar de discurso (cambiar en el sentido de "agregar", "complementar", "desplegar")? Otra vez: no hay recetas. Mezcla de análisis, intuición, culo. Arte.

- Las campañas deben ser integrales o no son campañas ¿Qué quiere decir esto? Además de que hay que tener una estrategia de campaña y sus tácticas derivadas, es fundamental que antes de eso el candidato y su equipo tengan muy claro el objetivo. Aunque suene raro, el objetivo de una campaña no siempre es "ganar". Porque la política podrá estar llena de mediocres, pero no de pelotudos. Y cada candidato y cada fuerza política sabe perfectamente cuando puede ganar y cuando ni a ganchos. Entonces hay que hacer campañas con objetivos claros, ya que eso condicionará la estrategia y todo lo que se haga.

- Incluso hay algo anterior a la campaña, y que de algún modo también se emparenta con la cuestión de la "integralidad". Podés tener la mejor publicidad del planeta. O el mejor discurso del mundo. O la guita del universo. Pero si no tenés estructura política que pueda sostener esas ventajas, no vas a ganar. Serás más competitivo, pero no vas a ganar. Aún en estos tiempos de desterritorialización y de predominio de "los medios". Porque, tatuémonos esto en la frente: los medios no ganan elecciones.  

Ahora cada quién lee cada párrafo según cada cual de los precandidatos. Es un como un jueguito fácil. 

27 abril 2015

Hinchas de su hinchada



Hablemos de fútbol. El título que encabeza esta columna es utilizado despectivamente por aquellos que gastan a otro hincha carente de resultados deportivos pero que salvaguarda su orgullo alentando, especialmente si se pierde. Lo entiendo profundamente: soy hincha de Racing y, por demasiado tiempo, lo único de lo cual vanagloriarse estaba en las tribunas y no en la cancha.

Tal actitud, la de ser "hincha de tu hinchada", se emparenta no tan lejanamente con un sesgo cultural nacido al calor del rock barrial en los tristísimos noventas: el aguante. Impronta que rápidamente fue adoptada por las tribunas futboleras y cuya expresión política de aquellos tiempos fue "la resistencia". Resistencia a un estado de cosas que te deja afuera, que te excluye, que te segrega. Resistencia al neoliberalismo. Resistencia a perder.

Y no está de más detenerse aquí: porque si bien la resistencia como modo político encarna ciertas dosis de orgullo, de compromiso, de pasión y de terquedad (lo contrario de la resistencia es la entrega, claro), negar que solo resiste aquel que va perdiendo sería al menos una inocencia.

La resistencia, entonces, solo puede ser entendida y adoptada militantemente como táctica. Nunca como estrategia, nunca como un fin en sí mismo. Bancamos, ahora bancamos, pero bancamos para cambiar, para armar un equipo mejor, que juegue a algo, que mañana gane. Aquí la diferencia crucial y cualitativa entre "el aguante", carente de futuro, y "la resistencia", oda a la esperanza transformadora.

Sigamos hablando de fútbol. Es muy complejo jugar dos campeonatos al mismo tiempo. Si apostás a la Libertadores el campeonato local, como mucho, "se va viendo". Ya les dije: soy de Racing. Entonces, con la relevante influencia de si tenés un equipo corto o uno largo, de si tenés buen banco de suplentes o buenas inferiores para ir mechando, hay que priorizar algo. Todo no se puede. Sobre todo no se puede si el local lo jugás de visitante desde hace 8 años. Y mucho menos si vas a jugar el torneo chico hablando del grande. Hay que saber adaptarse.

Los buenos técnicos y los buenos planteles, antes este tipo de disyuntiva, tienen claro desde el primer momento cuál es el objetivo. Y a partir de ese objetivo es que trazan sus estrategias, sus planteos tácticos, sus formaciones a la hora de salir a la cancha.

La mayoría de las veces, sobre todo cuando los resultados no se dan, la hinchada no tolera que se priorice un torneo por sobre otro. La hinchada quiere ganar siempre. Por eso, los buenos técnicos y los buenos planteles no juegan para la hinchada. Juegan para cumplir sus objetivos. Que no es lo mismo. También, los buenos técnicos y los buenos planteles se dedican mucho tiempo a "explicar" esos objetivos. Y nunca dejan que los voceros de una campaña sean los miembros de la hinchada, poco afectos a leer el Manual de Conducción Política.

Dicho todo esto para mantener la calma, abjurar de la cómoda cultura del aguante, saber que en algunos torneos debemos ser resistentes y en otros salir a ganar. Y que se puede ser hincha, técnico y jugador al mismo tiempo si uno se propone usar la cabeza además del corazón.


Hablamos de fútbol, ya dije. 

21 abril 2015

La luz del sol


Y entonces, de golpe, una ventana por donde entra el sol. Esa luminosidad, esos rayos, están descolocados de tanta irreverencia. Rompen, quiebran,  arrasan con todas las capuchas esos rayos de sol.

No hay escala posible para lo peor de todo. No hay motivos, no hay excusas, no hay derecho. Pero lo peor -digo mientras chateo con vos, de frente a la vida- es que me quedo sin palabras.  No, no me quedo mudo. Me quedo sin palabras, que es peor. Porque se siente con las palabras, se está vivo gracias a las palabras, porque amaso la masa de las palabras, más o menos, menos, más, pero...

¿Y cómo ser si te quitan las palabras? ¿Se es con la piel de gallina desgarrada subiendo los peldaños, escuchando los aviones, los autos, el tanque de agua, los recreos de enfrente? ¿Se es leyendo entre las capas de cal a las paredes que escriben en secreto, en la oscuridad, vaya a saber por qué, para quién? ¿Se es callado bajando hasta el sótano, hasta abajo, hasta más abajo, hasta la avenida de la felicidad? ¿Se es subiendo después esos escalones, cinco escalones, un dos tres cuatro cinco, para salir al patio donde hay mareas que te dejan, después de flotar,  en una playa bonaerense llena de caracoles, de espuma salada, de neblina y de invierno?

¿Cómo ser sin las palabras? ¿Cómo contar que, sin palabras, todo se siente en el cuerpo, en cada cuerpo, en cada una de las partes de un cuerpo de casi todos nosotros?

Con la espalda. Se escribe, se habla, se cuenta, se narra, se relata, con la espalda. Ahora, ahora que estoy afuera, soy con la espalda. Con esta espalda que sale y siente que carga el peso de la historia, de una historia, de nuestra historia. La que venimos y vinimos a escribir. Y a cambiar. Para siempre. Para nunca más.  


Ahí por la ventana entra el sol, compañeros. 

19 marzo 2015

Tips prácticos de Campaña

Este blog alterna entre el coma 4 y su completa desaparición. Mientras tanto, cada tanto, vuelve a sus orígenes: el chamuyo de las campañas políticas.

Organizar una campaña electoral es muy difícil, pero no tiene grandes secretos.
Lo primero que tenés que tener es un Jefe de Campaña. El mayor desafío del jefe de campaña es convencer al candidato que es candidato y no jefe de campaña. Una vez superado este escollo, si lo supera, empiezan los demás.

El primero de esos demás es organizar un equipo de campaña. Y acá hay funciones básicas que sí o sí deben estar. A saber:
- Responsable de la Agenda de giras y visitas del candidato.
- Responsable de la comunicación (de este dependen el jefe de prensa, los equipos de prensa, los equipos creativos publicitarios y -la novedad- los responsables de las redes sociales. 
- Responsable de "discurso" (cuyos insumos principales son los focus groups, las entrevistas en profundidad y las encuestas)
- Responsable de tus equipos técnicos-programáticos (una especie de canciller cuyo objetivo real es juntar cabezas de jetones técnicos-profesionales para que escriban papers. Esos papers luego lo agarra el jefe de campaña y junto con el responsable de discurso arman "la plataforma", dándole relativa bola a todo lo anterior)
- Responsable de "finanzas". O sea, de juntar la tarasca para que cobren todos los anteriores y se haga publicidad y se pinten paredones y se hagan giras, y se paguen los hoteles y los sobres que llevan los motoqueros a la zona de Palermo Hollywood.

No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que TODAS esas funciones (y muchas más que aquí no describo pero que existen) están interrelacionadas sistémicamente y con mutua dependencia. Ejemplo bobo: leyendo las encuestas notás un lugar donde estás flojo, armás una gira hacia ahí, detectás con qué discurso vas a "bajar", te hacés acompañar por un par de tu equipo técnico que pueda dar cuenta de los issues que detectaste como interesantes, antes metés más publicidad para que tu llegada impacte y el equipo de prensa y de logística viaja adelantado para preparar el terreno.
Coordinar y decidir todo esto es la labor del jefe de campaña. Además tiene que convencer al candidato de que es correcto hacerlo. 

Bueno. Hay un solo fulano que no aparece en el ejemplo ¿Ya se dieron cuenta cuál? Efectivamente: el Responsable de Finanzas, cuya única preocupación en relación al ejemplo es tener la guita para garpar.

Y acá llegamos al punto. La única preocupación del Responsable de Finanzas es juntar guita. Ni siquiera tanto administrarla, porque antes de empezar, en el día -1 de empezar, el tipo ya sabe que tiene que juntar XXX millones. Y después se van gastando. Y si la campaña va bien, van a aparecer XXX millones más. Y si va mal todo se va a ir pinchando y no es tan dramático.

Entonces la clave es...cómo juntar guita. 
Bueno: hay un método con larga tradición. Se llama "Cena de Apoyo al Candidato". Ponés un valor de cubierto exorbitante, ponele 50 lucas el plato y armás 250 mesas con 10 cubiertos cada una. Y entonces empezás a "vender" tarjetas. 
El método es in-fa-li-ble. Porque siempre vas a "vender" todos los cubiertos, todas las mesas van a estar llenas (no necesariamente por quienes "compraron" el cubierto) y además tu gente de RRPP va a garantizar que en algunas de ellas haya algunos figurones para "mostrar".

A la noche, el responsable de Finanzas, mientras se afloja la corbata y toma la última copa de champagne, respira aliviado y piensa; "listo, ya blanqueé 150 palos".